El cerebro del hombre y la mujer!

¡Vos no entendés nada!

¿Alguna vez escuchaste esta frase?, ¿Cómo funciona el cerebro masculino y el femenino? Muchos autores trataron lo diferentes que son hombres y mujeres a la hora de encarar la vida. Activo- pasivo, femenino-masculino, XX y XY, Yin-Yang... Desde el comienzo de los tiempos, en la llamada guerra de los sexos, se entrecruzan reproches y recriminaciones que han dado de comer a novelistas, productores de televisión, psicólogos, poetas y humoristas. Se sabe: Las mujeres hablan demasiado. Los hombres, en vez de escuchar, dan consejos. Que cada vez que una mujer ve a un hombre tranquilo, lo pone a trabajar. Que ellos pueden estar perdidos pero que no van a preguntar ni que los maten. Que las mujeres se enamoran del Che Guevara y después quieren afeitarle la barba... Es verdad que no todos los hombres son iguales. Ni es del todo cierto que a las mujeres nadie las entienda. Las generalizaciones no son rigurosas, pero a veces ayudan a aceptar las diferencias por el camino de la risa.

"Dentro de la cabeza de los hombres -explica Gungor-, hay cajas. Cajas perfectamente ordenadas de modo tal que no se toquen entre sí: una caja para su relación con su madre; otra para el trabajo; otra para su relación con su mujer; otra para sus hijos; para el cuadro de fútbol de sus amores... Cuando abren una caja, los varones se cuidan muy bien de que no se le mezcle con el contenido de las otras. Tratan el tema y la cierran... Pero hay una caja especial, que las mujeres desconocen por completo: la caja de la NADA, donde los hombres pasan mucho tiempo. Puede saberse cuando están ahí porque (hace el gesto de un hombre frente al televisor haciendo zapping a velocidad, control en mano, mandíbula colgando y ojos en el vacío y también el gesto de hombre pescando durante horas). Los hombres aman su caja de la nada y cuando están ahí -advierte Gungor- mejor no molestarlos." Y ¿qué pasa cuando es ella la que tiene un problema? Ella necesita hablarlo, urgente, porque si no, siente que su cabeza estallará. El quiere ayudarla pero no da pie con bola (él sólo habla de sus problemas con un amigo cuando necesita ayuda para resolverlo). Le da soluciones pero ella no quiere que la ayuden -dice Gungor-. Sólo quiere que la escuchen y se callen, como hacen sus amigas.
Ahora bien: la cabeza de las mujeres es completamente diferente. Allí todo está conectado con todo: el auto con la mamá; la mamá con los hijos; los hijos con la empleada; la empleada con el trabajo; el trabajo con el marido... Como una gran autopista de Internet, y todo conectado con emociones.
Obviamente, esto tiene consecuencias: cuando él tiene un problema, se mete en su caja de la nada. Ella lo ve callado y se acerca. ¿En qué estás pensando? En nada (él). Es imposible que no pienses nada (ella, porque para ella es imposible), en algo estás pensando. El se encierra más, furioso. Lo que dice la ciencia Los estudios científicos explican algunos de los pragmatismos del pastor Gungor. Según la antropóloga norteamericana Helen Fisher, directora del departamento de investigación en la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey) y autora de El primer sexo (1999), hombres y mujeres tienen sistemas cerebrales diametralmente distintos. "El cerebro está dividido en dos partes, pero el cerebro femenino está mejor conectado: hay más nervios uniendo ambas zonas y tiene cables más largos que llegan a distintas zonas del cerebro en cada hemisferio. El cerebro masculino, en cambio, es más compartimentado, más lateralizado. Sus dos lados operan más independientemente. La antropóloga llama al sistema cerebral femenino web-thinking (pensamiento en red) y al masculino step-thinking (pensamiento paso a paso).

Según Fisher, el hecho de que las mujeres tengan un cerebro mejor "conectado" se traduce en una serie de habilidades particulares: "Cuando piensan, reúnen más información y la configuran también de manera más compleja, por lo que son más capaces de relacionar cosas. Eso las hace intuitivas e imaginativas. Tienden a sintetizar, a generalizar, a contextualizar y eso las capacita para planificar a largo plazo y les da, probablemente, una mayor flexibilidad mental", dice la antropóloga. En la misma línea, el neurólogo argentino Facundo Manes -director de INECO y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro- señala que los hombres suelen ser mejores en el razonamiento matemático, en actividades motoras que incluyen alcanzar un blanco y en ciertas tareas espaciales, como son la rotación mental de imágenes o imaginar y entender la tridimensionalidad. "El origen de estas diferencias suele explicarse desde un punto de vista evolutivo, porque mientras los hombres estuvieron más dedicados a la caza y la navegación, las mujeres necesitaron mejores habilidades de comunicación para el cuidado de los hijos", agrega. El viejo Freud El padre del Psicoanálisis descubrió que hay una diferencia estructural entre varones y mujeres y que está dada por la forma en que viven la "falta". Una mujer puede pasarse horas frente al espejo tratando de ser otra (suelen hacer hincapié en todo lo que les falta) mientras que un hombre corre a ver si sigue siendo el mismo (él no quiere perder lo que tiene). Esta relación diferente con el "debe" y el "haber" es, para el psicoanálisis, una cuestión estructural entre los sexos. Freud explicará que la angustia básica para el hombre es la "angustia de castración", es decir, la impotencia, en sus diferentes manifestaciones: a eso se debe que viva con el temor al fracaso: el temor de "no poder", "no saber" o "fallar" . En el caso de la mujer, la angustia básica es a la pérdida del amor, el miedo de que el objeto de amor (desde la madre en adelante) la deje de querer. Debido a estas marcas de origen, también el narcisismo -la autoestima- va a ser diferente de acuerdo con el género. En el hombre está más ligado al poder, a la potencia, al reconocimiento en el mundo de relación. En las mujeres, tiene más que ver con la afectividad, la sensibilidad y la belleza. Después de toda una vida dedicada al estudio Sigmund Freud se expidió con crudeza: dijo que la pretendida completud -el sueño de la media naranja- es imposible. ¿Será este contrapunto constante de encuentro y desencuentro lo que hace que la relación entre los géneros sea tan pasional como en el comienzo de los tiempos? Fuente: http://www.clarin.com/

1 comentario:

ale dijo...

Muy buen artículo y recursos para mostrar diferencias con las que podemos identificarnos. Claro que cuesta entender al otro sexo, justamente porque cada sexo tiene características incomprensibles para el otro. Freud aparece una vez más como el pionero que pudo poner en palabras algo tan enrevesado como los miedos y los complejos, que leídos hoy suenan tan simples... La fantasía de la completud tiene que ser imposible para la mujer, porque de otro modo abandonaríamos la histeria y la búsqueda permanente de aquello que nunca será nuestro: tener el falo y ocupar el lugar de mujer al lado del padre. La salida de esta situación edípica es lo que nos hace "normales". Si los hombres tuvieran la capacidad de comprender el significado de esta "falta", entenderían mejor nuestra permanente insatisfacción.